Ave Ave Ave María
El estribillo de los peregrinos de Lourdes y de Fátima, cantado entre las decenas: nada más que el nombre de María, saludado una y otra vez. A veces la oración no necesita más palabras que un saludo repetido por amor. La melodía lleva lo que el corazón no sabe decir.
Ave, ave, ave María. Ave, ave, ave María.